Las carreteras conectan ciudades. Los pagos digitales conectan oportunidades.

Para el tema del día de hoy me gustaría compartir algo que creo que es momento de pensarlo seriamente, y que sería un gran paso si pudiera implementarse en Nicaragua.

En los últimos años, Nicaragua ha hecho algo que ha venido ganando reconocimiento a nivel mundial: invertir seriamente en infraestructura. Carreteras nuevas, puentes, conectividad entre regiones que antes eran casi inaccesibles. Y un logro que vale la pena destacar en particular: la construcción de una carretera a lo largo de toda la costa del Pacífico del país, algo que no todos los países de Centroamérica tienen, y que muchos en América Latina todavía no pueden presumir.

El turismo ha respondido, y los números lo demuestran. Visitantes llegando a Granada, a la Isla de Ometepe, a las playas del Pacífico, a los volcanes del norte. Chárter de vuelos directos desde Canadá y Estados Unidos llegando llenos. Una imagen que hace pocos años era difícil de imaginar y hoy es una realidad creciente.

Todo eso es real y merece reconocimiento.

Pero hay un detalle pequeño que cualquier turista conoce bien y que nadie suele mencionar: el problema del efectivo en moneda local. El visitante llega, cambia dólares a córdobas, anda con billetes en el bolsillo, y al final del viaje le sobran. ¿Qué hace con esos córdobas en el aeropuerto? Los cambia de vuelta perdiendo en la transacción, los guarda como recuerdo, o simplemente los deja ir. Cuando hablamos de cantidades pequeñas es una molestia menor. Pero por encima de 50 dólares ya es dinero real que el turista siente que pierde.

Un sistema de pagos digitales elimina ese problema de raíz. El turista llega sin preocuparse por efectivo, paga con su teléfono donde quiera que esté en el mercado, en el comedor, en el tour en lancha y se va sin córdobas sobrantes en el bolsillo. Sin pérdida en el cambio. Sin fricción.

Ese solo beneficio ya justifica la conversación. Pero hay mucho más.

Porque de nada sirve que llegue el turista si cobrarle sigue siendo complicado.

Lo que está pasando en el mundo y no podemos ignorar

Dos países lo hicieron primero y los resultados hablan solos.

India creó en 2016 un sistema llamado UPI (Unified Payments Interface): una infraestructura pública de pagos digitales, gratuita e interoperable, que permite realizar transferencias instantáneas entre bancos desde cualquier smartphone. Hoy procesa más de 700 millones de transacciones al día y se ha convertido en la principal plataforma de pagos digitales del país. Pero lo realmente interesante no es el volumen de operaciones, sino quién las realiza. Cerca del 86% corresponde a pagos de pequeño valor: un helado, un taxi, un puesto de verduras o un café. No son las grandes empresas las protagonistas de esta revolución, sino millones de pequeños comerciantes que encontraron en UPI una herramienta sencilla para vender, cobrar y hacer crecer sus negocios.

Brasil hizo lo mismo en 2020 con Pix, creado por el Banco Central brasileño. En menos de cuatro años se convirtió en el método de pago más usado del país, superando tarjetas y efectivo. Hoy tiene más de 150 millones de usuarios. Gratuito, instantáneo, disponible las 24 horas, funciona entre cualquier banco. El vendedor de la esquina tiene su código QR. La señora del mercado recibe pagos en segundos.

Ambos sistemas tienen algo en común: fueron decisiones de Estado, no de los bancos. Infraestructura pública, como una carretera. Abierta para todos. Sin comisiones que ahoguen al pequeño comerciante.

La oportunidad concreta para Nicaragua

Ahora imaginemos esto aplicado al contexto nicaragüense actual.

El turista que llega a Granada quiere comprar artesanías en el mercado, pagar un tour en lancha, comer en un comedor local, tomar un café en una terraza colonial. Hoy, en muchos de esos lugares, solo se acepta efectivo. El turista no siempre trae córdobas. La venta se pierde.

Con un sistema de pagos digitales interoperable un código QR que cualquier comerciante pueda usar y cualquier visitante pueda escanear con su teléfono esa fricción desaparece. El turista paga desde su app. El comerciante recibe en segundos. Sin terminal bancaria, sin comisiones elevadas, sin trámites complicados.

La vendedora del mercado oriental que hoy maneja todo en efectivo con los riesgos que eso implica podría tener registro digital de sus ventas. Eso no es solo comodidad. Es la puerta de entrada al crédito formal, a programas de apoyo a pymes, a la economía visible.

El emprendedor de turismo rural en Ometepe o en Matagalpa que ofrece experiencias increíbles, pero no puede cobrarle a un visitante extranjero sin complicaciones, podría conectarse a ese sistema y competir en igualdad de condiciones con operadores más grandes.

Y para el turista: la posibilidad de viajar por todo el país sin preocuparse por efectivo ni por córdobas que sobran al final del viaje.

Por qué esto funciona especialmente bien para el turismo

El turismo y los pagos digitales son una combinación natural, y hay una razón simple: el turista ya viene con el hábito instalado.

Un visitante europeo, norteamericano o latinoamericano de país con pagos digitales avanzados está acostumbrado a no cargar efectivo. Para él, escanear un código QR y pagar en segundos es tan natural como respirar. Cuando llega a un destino donde todo es efectivo, la experiencia se complica y esa fricción afecta la percepción del destino.

Los países que han modernizado sus sistemas de pago reportan un aumento directo en el gasto promedio del turista. No porque gasten más por capricho, sino porque la facilidad de pago elimina la barrera de decidir si vale la pena buscar efectivo. Si es fácil pagar, se paga más.

Nicaragua está invirtiendo en hacer que el turista llegue. El siguiente paso lógico es asegurarse de que cuando llegue, pueda gastar fácilmente en todos los niveles del ecosistema no solo en los hoteles que ya tienen terminales bancarias, sino en el comedor, en el artesano, en el guía local, en la cooperativa de café.

Lo que haría falta

No estoy hablando de ciencia ficción ni de una inversión imposible. Los modelos ya existen, ya funcionaron, y el costo de implementación es mucho menor que el de construir una carretera.

Lo que se necesita es esencialmente esto:

Una plataforma nacional de pagos interoperable que permita que cualquier persona con cuenta en cualquier banco pueda recibir y enviar pagos desde su teléfono, sin importar en qué institución esté.

Acceso amplio y sin barreras incluyendo opciones para comerciantes que hoy no tienen cuenta bancaria formal, comenzando con procesos simplificados de inclusión financiera.

Código QR universal el mismo que funciona para el hotel de cinco estrellas y para el puesto de jugos en el mercado. Sin distinción.

Tarifas mínimas o nulas para transacciones pequeñas el punto crítico que hace que un sistema así sea realmente inclusivo y no solo otra herramienta que beneficia a quien ya tiene.

Y para el turista: la posibilidad de viajar por todo el país sin preocuparse por efectivo ni por córdobas que sobran al final del viaje.

El momento es ahora

Nicaragua está en un momento interesante. La infraestructura física está mejorando. El turismo está creciendo. La gente ya usa tecnología móvil en su vida cotidiana WhatsApp, redes sociales, transferencias básicas entre bancos.

Los ingredientes están. La cultura digital ya existe en la población. Lo que haría falta es la capa que una todo: un sistema de pagos que no discrimine por tamaño de negocio, que no cobre comisiones que ahoguen al pequeño, que funcione para el turista que llega de Europa y para la señora que vende en el mercado.

India tardó menos de diez años en pasar de economía de efectivo a procesar la mitad de los pagos digitales del mundo.

Brasil lo hizo en cuatro años.

Nicaragua reúne varias condiciones favorables para avanzar en esa dirección. El turismo podría ser el motor inicial, pero los beneficios irían mucho más allá: pequeños negocios, emprendedores, agricultores, transportistas y miles de familias tendrían una forma más simple, segura y eficiente de participar en la economía digital.

Durante décadas entendimos que las carreteras eran esenciales para conectar el país. Tal vez ha llegado el momento de reconocer que la infraestructura digital también lo es.

Las carreteras conectan ciudades. Un sistema nacional de pagos conecta oportunidades.

¿Crees que un sistema así cambiaría tu negocio o tu forma de recibir pagos? ¿Lo has visto funcionar en algún país? Cuéntame abajo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *