Therians: una expresión juvenil que merece análisis, no burla

En cada generación, la juventud encuentra nuevas formas de expresarse, de diferenciarse y de construir identidad. Los adultos solemos mirar esas expresiones con sorpresa, a veces con preocupación, y casi siempre con la sensación de que “esto antes no pasaba”. Pero si miramos hacia atrás, veremos que sí pasaba, solo que con otros nombres y otras estéticas.

En los años ochenta, por ejemplo, el breakdance llenó las calles con pantalones bombachos y movimientos acrobáticos. Más tarde llegaron los emos, vestidos de negro, con flequillos largos y una sensibilidad que muchos adultos no entendían. Antes de ellos estuvieron los hippies, los punks, los grunge, los skaters. Cada etapa tuvo su estilo, su lenguaje y su manera de desafiar lo establecido.

Hoy, una de esas nuevas expresiones es la comunidad therian, un fenómeno que se ha popularizado en redes sociales y que también ha llegado a países como Nicaragua. Para muchos adultos, ver a jóvenes identificándose simbólicamente con animales, usando colas, orejas o comportamientos inspirados en ellos, puede resultar desconcertante. Pero antes de juzgar, vale la pena detenerse a entender qué hay detrás.

¿Qué es un therian?

En términos generales, un therian es una persona que siente una conexión profunda con un animal específico, no en un sentido literal, sino simbólico o espiritual. No se trata de creer que son animales físicamente, sino de experimentar afinidad, identidad o comodidad al adoptar ciertos rasgos o comportamientos.

Para muchos jóvenes, esta identidad funciona como:

  • una forma de explorar quiénes son,
  • un espacio seguro para expresarse,
  • una comunidad donde sentirse aceptados,
  • una manera de lidiar con emociones o etapas difíciles.

No es muy distinto a lo que otras generaciones hicieron con la música, la ropa o las subculturas urbanas.

¿Por qué ahora se siente diferente?

La diferencia no está tanto en la juventud, sino en el contexto. Hoy las redes sociales amplifican todo: lo que antes era un grupo pequeño en un barrio, ahora se vuelve tendencia global. Además, vivimos en una época donde las identidades se exploran con más libertad, y donde los jóvenes buscan espacios donde sentirse vistos y escuchados.

Para algunos adultos, esto genera inquietud porque parece que los límites entre fantasía y realidad se difuminan. Pero también es cierto que la adolescencia siempre ha sido un terreno de experimentación, de búsqueda y de ensayo-error.

El reto para la sociedad

Más que burlarse o alarmarse, el reto es acompañar. Entender no significa estar de acuerdo con todo, pero sí implica escuchar, preguntar y evitar el rechazo automático. Cuando un joven encuentra un espacio donde puede expresarse sin miedo, es más probable que desarrolle una identidad sólida y una autoestima sana.

La historia nos muestra que la mayoría de estas expresiones son temporales. Así como los pantalones tipo Aladino quedaron en el pasado, muchas modas juveniles se transforman o desaparecen. Lo importante es que, mientras duren, no se conviertan en motivo de violencia, discriminación o burla.

Una invitación a la reflexión

Los therians son un recordatorio de que la juventud sigue buscando formas de decir “aquí estoy”, “así me siento”, “quiero pertenecer”. Podemos elegir ver esto como una amenaza o como una oportunidad para comprender mejor a las nuevas generaciones.

Al final, cada época tiene su estilo, su lenguaje y sus símbolos. Lo que no cambia es la necesidad humana de identidad, comunidad y expresión. Y eso, más que criticarlo, deberíamos aprender a acompañarlo.

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